"Yo salté porque quise hacerlo. Nadie me obligó. Si lo hubieran hecho, no habría sido divertido y no lo habría hecho. Los grandes retos nacen de dentro. Por eso algunas personas odian su trabajo de oficina, aunque les paguen; pero aman escalar el Everest, aunque nadie les pague —o aunque paguen ellos mismos por hacerlo—. Tienes que QUERER hacer lo que haces. Se nota la diferencia en los resultados".